Orgullo de esa madre

Hoy he leído que el otro día echaron a una chica de un avión porque su bebé no paraba de llorar. Ella, embarazada del segundo, volaba desde Canadá a EEUU. Los auxiliares de vuelo le habían advertido que si no lograba callar al bebé tendrían que abandonar el avión, pero la echaron a pesar de que el niño ya se había calmado y se había dormido. El avión dio la vuelta en la pista y volvieron para que se bajaran, alegando que los pilotos no se sentían seguros viajando con un bebé que llora tanto.

No sé ni qué pensar al respecto. Por un lado entiendo que un viaje con un niño llorando como un loco puede ser muy estresante para todo el mundo y teniendo en cuenta que, de por sí, algunas personas van nerviosas en los aviones, esto podría provocar una mayor tensión  general.

Pero ¿y qué hacemos? ¿Qué hace una persona que se ve obligada a viajar en avión con un bebé? Los bebés lloran, y todos hemos tenido y tenemos bebés… Es una situación complicada.

Esta noticia me ha venido perfecta para contaros la maravillosa historia que le pasó a mi amiga y comadre Estela. Ella vive en Australia. Fue madre hace unos meses allí y estaba deseando venir a España a ver a toda su familia y amigos, y cuando su niño tuvo suficiente edad para hacer ese largo viaje en avión se lanzó, y esto es lo que le pasó. Os dejo con ella:

“Ya estoy en España con mi hijo, momento que he esperado con muchísimas ganas. Quiero compartir con todos lo que me ha pasado durante el viaje, cómo conocí a mi Ángel de la Guarda.

Salí de mi casa en Australia a las 4 de la tarde del viernes (7 am hora española) y Gonzalo se quedó dormido en el coche enseguida. Pedro nos dejó en la entrada del control de seguridad y yo me fui con Gonzalo cargado en la mochilita a la puerta de embarque. Me tocó sentarme entre una chica un poco mayor que yo y una señora. Las dos de Glasgow, encantadoras y pendientes de mi y del bebé ofreciéndome su ayuda. Nos esperaban 14.5 horas de vuelo hasta Dubai con un bebé de 10.5 semanas. ¡Miedo! Gonzalo se despertó 9 horas después de despegar (gemía un poco para que le diera su leche y punto) . Las horas restantes las pasamos paseando por el avión para q estuviera tranquilo. Yo no pude dormir porque a pesar de que me habían dado una cuna para el bebé me obligaban a cogerlo en brazos y ponerle su cinturón de seguridad enganchado al mío cada vez que había turbulencias y la cuarta vez que se encendió la luz decidí dejar de marear a la criatura y fue durmiendo tranquilo en mis brazos. Yo dormía pequeñas siestas.
Después pasamos dos horas de espera en Dubai, él dormido.
Llego a la puerta de embarque a Madrid y la gente miraba mi cara demacrada con compasión y con ternura hacie el bebé. Nunca me habían sonreído tantos desconocidos. Y entre ellos estaba mi Ángel de la Guarda.
De repente oigo detrás de mi una voz que me dice: “¿cuanto tiempo tiene?”

Y tras contestarle me dice: “Te cambio el asiento, yo estoy en business”.

Me quede alucinada pensando que esas cosas simplemente ¡NO PASAN!

Preguntamos a una azafata encantadora, que a su vez le preguntó al capitán y dijo que con el bebé no, que podíamos cambiarnos los adultos pero que el bebé no (lo entiendo perfectamente, nadie quiere un bebé en business). Mi Angel de la Guarda (Carmen, casada, con dos hijos y de Almería) me dice que luego va a verme. Antes de despegar, a Gonzalo le da un berrinche terrible y la azafata maja solidarizándose con la situación me trae una botella gigante de agua, galletitas, una almohada de primera clase, un neceser con cosas para el bebé, una manta de bebé y un muñeco.

Después del desayuno reaparece mi Angel de la Guarda y me dice:”si te sientes cómoda dejándome a tu hijo me quedo aquí con él y tú vete a mi sitio a dormir un rato”. Tras tantas horas de viaje y sin haber dormido no pude resistirme a semejante ofrecimiento. Me fui a su asiento, toqué todos los botones y lucecitas que vi y tras convertir el asiento en cama me dormí media hora. Volví a mi sitio y Gonzalo estaba dormido en el regazo de Carmen. Me ofrezco a coger al bebé para que ella volviera a su asiento a que la siguieran tratando como a una reina y me dice que no, que vaya yo otra vez que ya me avisa si Gonzalo llora mucho. Volví y a la hora y media me despierta la azafata maja diciendo que Gonzalo tiene hambre. Voy, le doy de comer y al rato vuelve Carmen y me dice que ella está mala del estómago que elija lo que quiera comer del menú que ofrecen a la clase business (me trajo la carta para que eligiera): Ensalada de langosta y gambas con huevas de caviar y patata, solomillo con cebolla caramelizada, verduras al vapor y pastel de patatas, panes variados y fruta. Me fui a su asiento de nuevo a comer y me trataron como a una reina. Casi caigo en la tentación de tomar una copa de vino pero me hubiera puesto a dormir tres días seguidos.
Luego volví a mi asiento y Carmen se quedó conmigo las 2.5 horas restantes del viaje para hacerme compañía y ayudarme si Gonzalo se ponía difícil.
A la salida del avión la azafata maja me despide súper cariñosa y Carmen está en la puerta del avión esperándome. Cogió mi equipaje de mano y me lo llevó hasta la puerta de no retorno donde yo tenía que pasar a recoger mi equipaje facturado y ella se iba a coger su próximo vuelo a Almería. Nos intercambiamos datos de contacto y le digo:”Carmen, muchas gracias, eres mi Angel de la Guarda” y me dice ella:

“No Estela, soy madre”.
Dios aprieta pero no ahoga. Gracias, Carmen. Carmen”.

Es una historia preciosa y real como la vida misma. Gracias, Carmen, por cuidarnos a Estela. Un pequeño gesto para ti y un gran gesto para las que lo hemos conocido y hemos sentido orgullo de esa pedazo de madre.

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19 pensamientos en “Orgullo de esa madre

  1. Qué fuerte!!! jo, es que este tema de la gente a la que le molestan los niños es justo del que hablé ayer en el blog porque lo que nos pasó el otro día en un club de Oviedo fue bastante surrealista… En fin, da gusto encontrarse gente así!!!

  2. ¡Me acabo de quedar alucinada! Yo que he vivido en Nicaragua y ahora vivo en Brasil, soy de Oviedo y tengo dos retoños de casi-4 y 2 recién cumplidos, tengo anécdotas de avión-con-niño para parar un tren. Gente maja, sí, alguna. Bordes o ,como poco, pasotas, muchos. Desde que me he visto en éstas, he pensado que ahora que sé lo que es, seguro que empatizaré y ayudaré más a mamás en apuros. Ceder el asiento de primera ya… bueno, para empezar tendría q saber qué es eso!! Jajaja
    Genial historia. Un abrazo!

  3. Guau…Estas historias dejan huella y te hacen pensar en que estos pequeños grandes gestos ayudan a mejorar el mundo, tu mundo!
    Os pido, siguiendo la cadena de rezos, por una Mami primeriza y su bebita recién nacida con parto muy difícil… Para que todo salga bien!!
    Gracias!!!

  4. Paloma, hace mucho que no te dejo ningún comentario pero leo todos tus posts! Este me ha encantado, los pelos de punta! Es una maravilla encontrarse a gente tan buena por el mundo, yo por suerte este año estoy encontrando a mucha.
    Ah, y me pareció super buena idea lo de la cadena de rezos, la verdad es que creo que ahora todos mis problemas son una tontería y habrá gente que necesitará más ayuda, pero yo si voy a rezar por ti y tu familia (aunque a veces antes de leer ese post ya lo hacía, jejeje)
    Un besazo y muchas gracias por compartir tantas cosas!

  5. El hecho de que un club prohiba la entrada de niños en Oviedo me hizo no poder asistir a la boda de Estela (quien cuenta la historia del avión), a la que quiero como si fuese de mi familia, pues llevo mi nombre por su madre.

    Así somos los humanos… Impredecibles hasta límites insospechados.

    Aprovecho para agradecer a Carmen y a la azafata todo lo que hicieron por mi amiga y su pequeño.

  6. Uff, se me han saltado las lágrimas. Qué gran verdad. Cuando una es madre ve las cosas de otro modo. Ojalá todos fueran igual de solidarios… abrazo!!!

  7. Me estoy leyendo todos los post de un tirón. Y con éste me ha emocionado mucho.
    Hay gente de todo tipo, pero prima la gente buena y considerada aunque los intolerantes se hacen ver más.
    Me encanta el blog!!!

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