El test de los buenos padres

Tengo poderes. No, no, no os lo había dicho, pero en concreto tengo un súper poder. Sé reconocer a leguas a un buen padre o una buena madre.

Para ello no necesito ver cómo juegan con los niños a hacer la manualidad del día, ni tengo que ver cómo cantan los dos juntos durante el relajante baño nocturno, tampoco me hace falta comprobar que cuando les despiertan a las 7:34 de la mañana del domingo esbozan una sonrisa……

Hay un momento. EL MOMENTO.

Es sábado. Has salido por fin con amigos a un plan familiar. Estás sentado en una terracita, comiendo y ya has despachado la comida de los niños partiendo en trocitos 1.500 filetes de lomo adobado con patatas, ahora por fin estás ya relajado mientras ellos juegan en los columpios y… viene una de ellas, suele ser rubia, y te dice las temidas palabritas: “mamá, ME HAGO PIS”.

¡¡ESA ES LA CARA!!

La cara que se le pone a cada padre es la que me hace deducir quién es buen padre o madre. (Venga, venga, todos analizando las caras que ponéis… jejeje)… Que aunque cueste creerlo, ¡existen algunas personas que van con buena cara hacia el baño! Doy fe porque las he visto con mis propios ojitos. Incluso existen algunas que invitan a los hijos de los demás a ir al baño todos juntos, aprovechando el viaje. Madre, madre, qué lejos me encuentro de este prototipo… Estas personas deberían ser beatas en vida.

Yo soy más de estrategia, lo reconozco. Cuando veo que se acercan las rubias dando botecitos insistentes, aprovecho para mirar hacia un bonito petirrojo que se ha posado en el árbol más cercano. Pero si vienen e insisten, miro de reojillo a un lado y al otro para ver que nadie me está mirando y digo… (Muju, ahora no leas): “Corre, díselo a papá”.

Lo mejor es que ellas muy obedientes van a papá. Y a los tres segundos vienen y me dicen: (Muju, reconócelo), “dice que te lo diga a ti”, entonces yo alzo la mirada buscando al traidor y me lo encuentro mirando al petirrojo que sospechosamente todavía no se ha ido.

Entonces ya no queda nada por hacer. Con la cabeza gacha me toca ir y sujetar a las niñas en volandas y que tres días después me sigan temblando los bíceps y los tríceps, (si es que existe algo de eso debajo de mis cannnes…).

Ssssh, los que todavía no tenéis niños mayorcitos y estáis en modo pañal no os libráis, que el “momento cambiador en baño público” tampoco está mal y también promueve una mueca cuando descubres la sorpresita. Como nosotros también habemus katiuskos pañaleros, tenemos una máxima en casa: “El que huele cambia”. Así que ya nos podéis ver a toda la familia en el salón, con un color de cara verde intoxicoso, ya sin poder casi ni gesticular ni articular palabra, pero allí nadie dice que huele a chamusquina, vaya a ser que te quiten el sitio en el sofá, (que en una casa con 8 pares de katiuskas no abunda precisamente).

En fin, que me tapo los ojos con los dedos índice y corazón en horizontal, y lo reconozco: noy soy una buena madre, pero también digo: prometo cambiar y empezar a serlo, que estoy segurísima de que luego echaré de menos estas tiernas épocas escatológicas.

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2 pensamientos en “El test de los buenos padres

  1. Ja, ja,ja… tienes toda la razón.. yo lo del baño público no lo soporto. Nosotros tenemos una regla: si es chico el padre y si es niña la madre. Como solo tengo tres chicos, pues eso, que me libro…

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