La peluchina

No tuve la suerte de ser dotada entre mis muchos dones físicos (jejeje, venga, que es lunes y hay que animarse), con un pelazo, verdaderamente. Tengo cuatro pelos mal puestos y cuando me lo lavo en casa y me lo dejo secar al aire, la gente me confunde por la calle con la duquesa de Alba. Así que después de cada lavado tengo que echarle una hora al secador y a la plancha… y la verdad es que me da un perezón tremendo.

Paralelamente, el otro día me contaron que en la tele se había dicho que si supiéramos lo que cuesta (en luz) encender y usar la plancha del pelo, iríamos más a la peluquería.

Así que, dicho y hecho. Hoy os voy a contar mi experiencia en la “pelu china” que está cerca de mi casa y a la que le tenía yo ganas desde hace tiempo. Pues bien, animada por lo que me habían dicho que la tele había dicho (parece que lo que dicen en la tele es ex cátedra), aproveché un ratillo que tenía y allá que me metí.

Entré y pregunté si me peinaban, la respuesta no fue ni sí, ni no (ni blanco, ni negro) sino un “¡SENTAL!”. Me apeteció responder un “¡¡Señor, sí señor!!”, pero sencillamente me quité el abrigo, lo colgué en un perchero que vi y me senté en el lavabo, toda digna. Entonces llegó mi primera sorpresa. Me dice la chinita: “AHÍ” y me señala el tocador. Entonces le digo: “No, es que me quiero lavar”. “AHÍ”, me vuelve a decir. “Lavar, lavar”, le contesto. Como vi que no cesaba en su empeño, rectifiqué: “laval” (vaya ser que no me estuviera entendiendo…). No sirvió, y tendríais que ver la escena: la china tirándome del brazo para levantarme de ahí y yo quieta haciéndome el gesto con las manos de lavarme el pelo, “¡laval, laval!”… Ganó ella.

Me senté en el tocador pensando que ya daba todo igual y que probablemente saldría de allí con el pelo teñido de verde, ante la incapacidad de entendernos. Me colocó una toalla en los hombros, cogió un bote y me echó, así a pelo (valga el doble sentido), un chorro generoso de champú y empezó a enjabonar echando agua con otro bote. Oye, yo no me lo podía creer, pero ¡vaya lavado! Ni en la mejor de las peluquerías. Con fuerza, con garbo, ¡insistiendo!. Así que después de unos minutos, y con el pelo totalmente blanco, me cogió y me dijo otra vez: “AHÍ”, señalando el lavabo. Ya no rechisté. Me senté entregada, me aclaró el pelo y me echó mascalilla por dos eulos más.

Una vez sentada de nuevo en el tocadol, ya confiada, nada podía hacerme sospechar lo que iba a ocurrir a continuación: se abrió una puerta y salió un chino que seguro de más joven había sido luchador de sumo, y vino contra mí. Se colocó en posición y me empezó a dar un masaje, pero no en la cabeza, no, ¡en la espalda!. (Por piedad, ese emoticono de ojos muy abiertos dónde está en estos momentos)… Entre golpes con ruido, yo buscaba la cámara oculta, pero miraba a las señorinas de las butacas de al lado tan tranquilas leyendo sus revistas y eso me tranquilizaba…

Total, que la verdad es que el chino era encantador y me dejó más que relajada para ser peinada y para esperar nuevas costumbres autóctonas. Volvió mi amiga y empezó a alisarme el pelo. Durante ese rato solo hablamos unas palabras: ella me vio la tirita que tengo en el cuello por la operación de tiroides y me pregunta:

– “QUÉ PASA AHÍ”

– Le contesto: “operación”.

– Y me vuelve a preguntar: “¿PUEDE COMÉ MALISCO?”. Se hizo un silencio. Y oigo una voz en off de mí misma… (“¿Me ha preguntado realmente si puedo comer marisco?”). Mi cara debía ser un poema…

–  “Sí, sí, puedo comer marisco”.

– “Ah, meno mal”, me responde con cara de angustia.

No le di más vueltas.

Antes de acabar también me preguntó:
– ¿LA LAIA?, ante lo cual me disponía a responder que la Laia debía estar con la Vane o con la Macu, hasta que vi que con el peine me estaba señalando la raya del pelo, y eso generó mi cuarto y último ataque de risa.

Salí de allí con el alisado, plancha incluida, laca y todo lo echable en mis cuatro pelos que ahora parecían algo, por 8 euricos de nada. Salí más contenta que unas castañuelas y pensando que los tíos se lo curran mucho. Además, siempre que veo a las modelos que están bellezones en los tocadoles, pienso por qué las humanas estamos tan feas en los espejos de las pelus, siesque nos ponen unas luces que claro, se nos destapan hasta las vergüenzas, y como aquí no tenían mucha luz, pues me veía hasta favorecida. Volveré.

 

¡Un beso y hasta mañana!

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20 pensamientos en “La peluchina

  1. Jajaja… muero!!! Yo ante la pregunta del marisco hubiera dicho q no x si te sacaban una langosta versión china… El otro día x las redes sociales circulaba una foto de un cartel de una sidrería china,jaja…casi muero!!!

  2. Ja, ja,ja…. lo que me he reído Palu, muchas gracias… Yo también voy a pelus chinas y las has descrito tal cual, lo único que a mi me dicen: mucho pelo, mucho pelo…, ja, ja, ja, unas tanto y otras tan poco. Bs!

  3. Jajajajaja… Nunca pense que pudiera engancharme a un blog como el tuyo, pero empiezo a entender a los drogatas!!!
    No dejo de reirme y de ver identificadas en esas situaciones a unas cuantas familias, entre ellas la nuestra.
    Mil gracias Paloma!!! No lo dejes!!!

  4. Valiente!!!
    Me parto…
    No puedo soportarlo más!!!
    Me he negado siempre a leer blogs…. Pero tú has conseguido q esté deseando todo el día este momento… Mientras se duerme mi chiqui, ya q tengo q estar sentada a oscuras en su habitación , aprovecho para leerte y releerte, reirme y disfrutar… Analizo mi día intentando ver lo positivo de mi cansancio ( sólo son tres) y mi propósito de mejorarlo mañana gracias a tus Consejos y sobre todo gracias por tu manera de ver las cosas

  5. Paloma te estoy viendo!!! Esos cuatros pelillos pegaitos, tiesos sobre la cara, e intentando descifrar el “Momento la laia”

    Arte a reventar!

  6. Por favor ha sido buenísimo!!! 7am llevando a los niños al cole y muerta de risa por la crónica de la pelu china..gracias por hacer que haya empezado el día tan divertido..

  7. Buenísimo!!!! Pena que no haya Pelu China donde vivo!!! 8 euro os??? Desde luego a las que tenemos que lidiar con nuestro pelo nos compensa con creces!!!
    Gracias por tus post!!! Enganchadisima que estoy!! Hasta mi marido me pregunta por tus consejos!!
    Un beso.

  8. Qué llorera de risa me ha entrado, jajajajajajjajaja, me parto. De verdad que me encanta tu blog pero esta entrada ha sido magistral, sin duda, la mejor. Jajajajajajajja. Te diré que yo no soy muy fan de las peluquerías chinas, pero bueno, después de esto me lo pensaré. Eso sí, lo de la sidrería china ¡nunca! No vaya a ser que dentro de poco comamos cachopo chino. Un abrazo,

  9. Es tal cual!! yo probé el año pasado y a cortarme! (total para hacerlo recto tenía que arriesgar)nada más entrar me acechó uno… Pedicula, pedicula! ggrrrgrr pero si no le había dado tiempo ni a mirarme! el momento de cortar fue una lucha Chini: no colta más, no colta más, no! y yo… Chini más collltoooo!
    El masaje fue después de secarme y sin avisar, al empezar fue… no gracias… (seguro que cobra más) a los dos segundos me daba igual si había extra€. Precio final: más o menos como una española pero el masaje te lo llevas.
    Las uñas también he probado (la permanente- maravillosa) y aluciné con la precisión de la chinilla, ya había probado con una made in Spain y nada que ver.
    Yo ya solo por aclarar lo del marisco, volvería! tienes que volver y contarnoooos!
    Me encantan tus aventurillas, sigue alegrándonos los días 🙂 Un beso grande!

  10. Genial!! Es una gozada leerte, como me he reído con este post, yo voy a buscarme una peluchina por el barrio, gracias!!! Llevo un tiempo leyendo tus post y me encanta, yo soy mama de dos pero vengo de familias numerosas y me siento muy identificada con todo lo que cuentas. Genial!!!

  11. Llorando de la Risa intentando no despertar a mis niños (colecho obligado) + marido. Me voy a desvelar!
    Mil gracias y un abrazo.

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